Teatro “Celebraré mi muerte”

3 mins, 33 segs

Comença en 1 Mes, 17 Dies

1 Desembre, 2019 19:30 - 20:30

Auditori Municipal Ayguals de Izco Vinaròs

Plaça Sant Agustí 7

964 40 77 00

Organitzat per

Ajuntament de Vinaròs

Celebraré mi muerte, obra de teatro en Vinaròs

Sinopsis de “Celebraré mi muerte·

Un médico declarado culpable de homicidio, un jurado formado por miembros del público y una pantalla. Ésta es la puesta en escena de una obra que plantea un debate profundo sobre la eutanasia. Como dice el propio Dr. Hourmann, “si queremos vivir bien, ¿por qué no podemos morir bien?”


El juicio que nunca se realizó

¿Qué le hizo actuar así aquella noche? ¿Una persona puede decidir cuándo y cómo morir? ¿Qué haríamos nosotros ante la llegada irreversible de la muerte?
Nueve miembros del público elegidos al azar estarán junto a él sobre el escenario. Ellos se convertirán en el jurado popular del juicio que nunca tuvo. Y ellos dictarán sentencia.
La obra alterna la narración de los hechos por los que el Dr. Hourmann fue condenado con episodios de su propia vida en su Argentina natal. ¿Pudo influir su experiencia vital en la decisión de practicar la eutanasia a una paciente?

«Sí, yo lo hice. Yo tomé la decisión, llené la jeringuilla y apreté el émbolo.
Yo inyecté el cloruro potásico. Provoqué la muerte porque creo en la vida»

El doctor condenado por eutanasia

El 28 de marzo de 2005 la vida del doctor Marcos Ariel Hourmann cambió para siempre.
De madrugada, una paciente de más de 80 años llegó al servicio de urgencias del hospital donde trabajaba. Sometida a dolores terribles, el pronóstico daba una esperanza de vida de apenas unas horas. La paciente y su hija rogaron al doctor que por favor acabase definitivamente con su sufrimiento. Y entonces Marcos, saltándose todo protocolo médico, le inyectó 50 mg de cloruro de Potasio en vena. La mujer falleció a los pocos minutos y Hourmann hizo algo que nunca antes había hecho nadie en este país: dejó escrito en el informe lo que había sucedido.


Pocos meses después, Marcos recibía una notificación del juzgado: estaba acusado de homicidio. La familia nunca lo denunció, pero sí el hospital. Aquella decisión, un acto prohibido en prácticamente todo el mundo, es un crimen por el que puede Marcos podía pasar hasta 10 años en la cárcel.
Un jurado popular debía dictar sentencia sobre su caso, pero el juicio nunca llegó a celebrarse. La fiscalía ofreció a Marcos declararse culpable, aceptar una condena menor y evitar así la prisión. De esta forma esquivó la cárcel, pero su vida se convirtió a partir de entonces en un infierno.


Repudiado por todos los hospitales españoles, emigró a Inglaterra con su mujer para empezar de nuevo. Continuó trabajando como médico hasta que la prensa británica descubrió su historia y lo bautizó como “El Doctor asesino”. Sin poder trabajar en Inglaterra volvió a España, donde la mayoría de hospitales le siguen dando la espalda. Actualmente trabaja en una pequeña mutua como médico a domicilio.
Más de 10 años después, Marcos siente hoy la necesidad de explicarse y defenderse como no lo hizo en aquel momento. Por eso ahora va a someterse a otro tipo de juicio: el del público. Con su historia va a representar una obra de teatro, en la cual expondrá lo que ocurrió y cuáles fueron sus motivos para acabar con la vida de su paciente.

¿Qué le hizo actuar así aquella noche? ¿Qué haríamos nosotros ante la llegada irreversible de la muerte?
Marcos no lo dudó, y por ello fue condenado. Ahora será el público el que emita su veredicto.

La Eutanasia, el último tabú

Únicamente 6 lugares en el mundo (Holanda, Bélgica, Canadá, Suiza, el estado de California y Colombia) han decidido abordar legalmente la cuestión de la Eutanasia. Incluso otros temas tan controvertidos como el aborto o la pena de muerte cuentan con mayor cobertura legal en el planeta.


Da igual que se trate de países católicos, musulmanes, budistas o laicos. Da igual que hablemos de países avanzados como los del norte de Europa, o estados en vías desarrollo. La libertad de decidir cuándo y cómo morir es la última frontera que el pensamiento contemporáneo no sabe cómo afrontar.


La sociedad actual no sabe cómo resolver este conflicto con la muerte, pero no siempre fue así. En el pasado, muchos pueblos y culturas convertían la muerte en un acto de dignidad, una despedida en la que los ancianos tomaban la decisión de irse con la cabeza alta, celebrando el final de la vida como si de una fiesta se tratase.


Mientras en España los servicios de Paliativos confiesan que no hay recursos para atender a todos los pacientes que lo necesitan,  hay partidos que quieren llevar al Congreso de los Diputados iniciativas legales para para afrontar este tema. De hecho, la última vez que el CIS preguntó a los ciudadanos sobre esta cuestión, el 73% se mostraba favorable.


Desde entonces se ha eliminado esa pregunta de la encuesta.

Marcos defiende que la vida debe vivirse como una fiesta.“ Por lo tanto, ¿No tenemos derecho a elegir también cómo y cuando nos vamos? ¿No deberíamos poder celebrar nuestra despedida?”

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